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Ferrante, V., Grosso, L., Barbieri, S., Cantafora, A.F.A. y Brisacani, C. (2011). El bienestar animal: principio fundamental de la cría agroecológica. Revista Argentina de Produccíón Animal, 31(2), 165–172.
Texto Completo: Resumen
En el marco de un proyecto de cooperación internacional se ha desarrollado una línea de trabajo que tiene el objetivo de fortalecer, promover y apoyar la pequeña producción ganadera orgánica en el Uruguay. El bienestar animal se destaca para ser uno del los principios básicos del manejo animal agroecológico. Este artículo se ha elaborado con el fin de promover la difusión y el intercambio de los conocimientos recientes relacionados con el tema del bienestar animal. En el trabajo se analizan el origen, el significado, la importancia y los métodos europeos de evaluación del bienestar animal, tomando también en cuenta los puntos críticos de la crianza agroecológica y la importancia del proceso de certificación orgánico.
Palabras clave: bienestar animal, producción agroecológica.
Summary
As part of an international cooperation project has developed a line of work that aims to strengthen, promote and support small organic livestock production in Uruguay. Animal welfare is highlighted to be one of the basic principles of agro-ecological animal management. This article has been developed to promote the dissemination and exchange of the latest knowledge related to the animal welfare. In this paper, we analyze the origin, meaning, the importance and methods of assessment of animal welfare, taking into account the critical points of agro-ecological breeding and the importance of organic certification process.
Key words: animal welfare, organic production.
Introducción
En el marco de las actividades del proyecto ejecutado por el ICEI (Istituto di Cooperazione Economica Internazionale) titulado “Diálogo de saberes: proyecto para la sostenibilidad de la recolección, el cultivo y la transformación de las plantas medicinales en Uruguay/RL”, se ha elaborado, conjuntamente con el Departamento de Ciencia Animal de la Facultad de Medicina Veterinaria de Milano (DSA) y Ecogranjas Cooperativa Agraria Limitada (ECA), un plan de trabajo que tiene como objetivo fortalecer, promover y apoyar la producción ganadera orgánica en el Uruguay. El proyecto apuntar a mejorar las prácticas de cría de animales con métodos agroecológicos, con particular atención al bienestar animal mediante la formación de productores (capacitación y asistencia técnica de campo) y el intercambio de conocimientos a nivel académico (Universidad de Milán y Universidad de la República de Uruguay -UdelaR-) y a nivel de productores (italianos y uruguayos).
Al fin de alcanzar estos objetivos resulta imprescindible conocer los principios fundantes del manejo animal agroecológico. Entre los principios básicos de la producción animal agroecológica se destaca el bienestar animal como una técnica productiva que permite bajar el estrés, prevenir enfermedades, mantener la salud y garantizar las necesidades fisiológicas y etológicas de los mismos.
¿De dónde viene el bienestar animal?
Se habla de bienestar animal desde 1964 cuando en el Reino Unido fue publicado el libro de Ruth Harrison (Animal Machines), que puso en evidencia los aspectos negativos del sistema de cría intensivo, creando el concepto de fábrica agrícola. Luego, por primera vez, un comité gubernamental (Brambell Committee) se ocupó de asuntos vinculados a la relación entre la cría, el comportamiento de los animales y el bienestar. El informe producido estableció que la simple evaluación de los parámetros productivos, como el proceso de engorde, la producción de huevos o de carne, no era suficiente para garantizar un adecuado sistema de cría. Por tanto, junto a la evidencia de la producción, se sugirió el estudio del comportamiento de los animales como indicador de bienestar.
En 1965 el Brambell Report definió que el bienestar de un animal, tanto físico como psíquico, tiene que ser evaluado con la evidencia científica relacionada a las sensaciones de los mismos, considerando las funciones biológicas y e l comportamiento. En 1979 el Farm Animal Welfare Council (FAWC), institución que se ocupa del bienestar de los animales no sólo durante su cría sino también, principalmente, durante el transporte y la faena, define a partir del Brambell Report cinco aspectos de los cuales los animales deber ser libres. Los mismos son:
1. Libres de sed, hambre y malnutrición, garantizando la disponibilidad de agua y de una dieta equilibrada;
2. Libres de incomodidad, garantizando la disponibilidad de un ambiente apropiado con espacios cubiertos y una zona de descanso confortable;
3. Libres de dolor, lesiones y enfermedades, a través de la prevención o un rápido diagnóstico y tratamiento;
4. Libres de poder expresar un comportamiento normal, garantizando la disponibilidad de espacios adecuados y la compañía de animales de la misma especie;
5. Libres de miedo, garantizando condiciones que les evite inútiles sufrimientos.
La Comunidad Europea, conformada por 36 países, ha sancionado cinco convenciones que constituyen una forma especial de tratado entre dos o más estados miembros y definen conceptos éticos comunes a todos los participantes. Las convenciones sobre la protección de los animales apuntan a evitar sus sufrimientos y a indicar las condiciones de vida conformes a sus necesidades fisiológicas y de comportamiento. Las mismas son:
●Paris (13-12-1968): Protección de los animales durante los transportes internacionales.
●Strasburgo (10-3-1976): Protección de los animales durante la cría.
●Strasburgo (10-5-1979): Protección de los animales durante la faena.
●Strasburgo (18-3-1986): Protección de los animales vertebrados empleados en la experimentación o para otros usos científicos.
●Strasburgo (13-11-1987): Protección de los animales domésticos.
Otro paso clave ha sido la firma del Tratado de Amsterdam (1997) en el que los animales son definidos como “seres sencientes” y no son más considerados solamente productos agrícolas. Este enfoque de la legislación europea refleja un cambio profundo y radical de la ética común sobre la calidad de vida de los animales.
¿Qué es el bienestar animal?
El debate científico respecto del bienestar animal todavía no ha producido una definición unívoca. Entre las posibles definiciones propuestas, tiene mayor consenso la que establece que el bienestar es su estado en relación a la capacidad de adaptarse al ambiente que lo rodea. Un animal se encuentra en buen estado de bienestar si, a partir de evidencias científicas, se adapta bien al ambiente, es sano, está en una situación de confort, con un adecuado estado nutricional, protegido, es capaz de expresar su comportamiento natural y no se encuentra en un estado de sufrimiento por situaciones desagradables como dolores y miedo (Fraser, 1993).
El bienestar puede variar de pésimo a óptimo según una línea continúa: el animal puede encontrarse entonces en un buen nivel de bienestar respecto a algunos factores (p. ej. instalaciones), pero en un nivel escaso respecto a otros factores (p. ej. estado sanitario y relación hombre-animal). Un buen nivel de bienestar animal requiere, por lo tanto, una prevención de las enfermedades y tratamientos veterinarios, un manejo adecuado, una alimentación apropiada, un enfoque humano de manipulación (handling) y a la vez de supresión/faena (DEFRA, 2003).
Para la mayor parte de los expertos en el tema, el bienestar animal es un equilibrio entre el animal y el ambiente que lo rodea (Broom, 1986; Vaarst et al., 2006).
Los animales criados deben interactuar con un ambiente complejo y tienen una serie de mecanismos para adaptarse a él. Con la palabra ambiente se entiende no sólo el ambiente físico (instalaciones y micro-clima) sino también un conjunto de factores como el ambiente social, la presencia de predadores o patologías que pueden afectar a los animales. Las estrategias de adaptación incluyen cambios fisiológicos, variaciones a nivel del sistema nervioso central, sistema adrenérgico, sistema inmunitario y, a veces, debido a los cambios antes mencionados, modificaciones del comportamiento. El efecto de la interacción entre estos factores ambientales y el animal puede traducirse en una dificultad de adaptación que puede reducir el desempeño productivo y reproductivo. En algunos casos extremos también implica la muerte del animal (Fraser, 1993).
El bienestar animal no puede prescindir de consideraciones de tipo ético: partir de este presupuesto implica una actitud de base frente a los animales que es diferente según la visión y la concepción que se tiene del animal mismo, como así también de la naturaleza en general y de la vida (Vaarst et al., 2006).
Indicadores integrados de adaptación y de bienestar
Los animales usan diversas estrategias para adaptarse al ambiente. Por tanto hay una gran cantidad de medidas que pueden ser usadas para indicar el nivel de bienestar. El conocimiento de las preferencias del animal puede brindar información de utilidad para garantizar un buen nivel de bienestar, si bien para identificarlo es necesario definir y emplear medidas directas del estado de un animal (Broom, 1986; Broom, 1988; Le Neindre et al., 1995). Los indicadores se dividen en:
Indicadores directos (animal based): Los indicadores directos buscan registrar y/o medir específicamente las reacciones de los animales al ambiente donde se han criado (Johnsen et al., 2001; Waiblinger et al., 2001). Pertenecen a esta categoría los indicadores:
Comportamentales (análisis del etograma especie-específico, pruebas comportamentales, anomalías comportamentales).
Fisiológicos (neuro-endócrinos, inmunitarios, metabólicos y cardíacos).
Patológicos (patologías, lesiones, desorden metabólicos y mortalidad).
Productivos (fertilidad, engorde, cantidad de las producciones, calidad de las producciones).
Indicadores indirectos (environmental factors): Los indicadores indirectos relevan las características del ambiente en el que viven los animales. Los mismos son:
Instalaciones y sistemas de cría (características de las áreas funcionales, tipo de estabulación, calidad del lecho, aeración, ventilación y sistema de alimentación).
Manejo (alimentación, ordeñe, tratamientos individuales y mantenimiento de las instalaciones).
Relación Hombre-Animal (cantidad y calidad).
El relevamiento conjunto, tanto de los parámetros directos como de los indirectos, sirve para identificar las causas de los eventuales problemas de bienestar.
El rol de los animales en la agricultura orgánica
Desde los inicios de la agricultura orgánica, los animales han tenido un rol fundamental y el elevado nivel de salud y bienestar de los mismos siempre ha representado una finalidad básica. Los animales deberían ser parte integrante del predio orgánico, parte de un sistema en el que todos los componentes interactúan para el beneficio común y donde se crea una armonía entre tierra, animales y seres humanos. El predio tiende a ser un sistema cerrado que produce alimentos para sus propios animales e incorpora sus heces en las producciones agrícolas (Vaarst et al., 2006). La visión del animal como un único organismo, cuya salud debería ser garantizada y promovida, y la visión de la cría en su conjunto dentro del contexto del predio agrícola, son elementos adicionales al cuadro heterogéneo y holístico del sistema de cría con método orgánico (DARCOF, 2000). Otro rol característico de los animales es el de salvaguardar y recuperar áreas marginales, puesto que algunas especies pueden usarlas convirtiéndolas en productivas y evitando su degradación. El uso de razas autóctonas permite además tener animales más sanos y adaptados al ambiente y tiene como consecuencia el mantenimiento de la biodiversidad que es seriamente puesta en discusión por la práctica de la selección, característica del sistema de cría con método convencional.
A diferencias de los cultivos, los animales no son solamente parte del sistema: son criaturas sencientes y por esto merecen una consideración moral especial. Esto hace su manejo fundamentalmente diferente del de los cultivos agrícolas. Por ejemplo, cuando un productor está aprendiendo a conducir su predio sin uso de productos químicos, puede suceder que las malezas ocupen un lugar dominante. El productor podría no intervenir y aceptar la pérdida como un precio inevitable que debe pagar para aprender a cultivar su predio con método orgánico. En cambio, dejar que los animales sufran o mueran no es aceptable.
El aspecto moral, cuando interactúa con seres sencientes, da a los animales un estatus especial. Son seres de los que hay que ocuparse, que pueden sufrir, y que interactúan los unos con los otros y con los seres humanos que les están cerca. El bienestar animal obliga moralmente al ser humano a tratarlos en modo adecuado y a intervenir antes de que ellos sufran o mueran. Tal obligación nos permite usar medicamentos de síntesis para tratar los animales enfermos, única circunstancia en la que el uso de productos químicos está permitido y recomendado en la agricultura orgánica (Fraser, 1993).
Uno de los principios básicos de la agricultura orgánica es la posibilidad de que los animales manifiesten un comportamiento natural, principio que sustancialmente amplia el concepto de bienestar. El objetivo de obtener la naturalidad en las producciones y un comportamiento natural en los animales criados vincula las finalidades de la agricultura orgánica y del bienestar animal. Es necesario discutir no sólo sobre cómo la agricultura orgánica afecta la vida de los animales, sino también sobre como nuestro conocimiento de los animales y de su bienestar pueda afectar el desarrollo de la agricultura orgánica. La particular situación de los animales, sea como seres sencientes o como parte del sistema agrícola, produce interesantes cuestiones. Puesto que los animales deben ser manejados de manera diferente al de un mero componente de un predio, el ganado en algunos casos parece no ser parte integrante del predio orgánico. Debido a que existe un énfasis creciente sobre el bienestar animal, ésta probablemente sea un área en la que la agricultura orgánica puede constituirse en una fuerza motora para el resto de la agricultura. Basada en una visión alternativa del mundo, la agricultura orgánica puede estimular y desafiar el mundo académico en pos de un serio debate práctico respecto a las implicaciones del bienestar animal.
El rol peculiar del animal dentro del predio puede producir conflictos entre los diferentes valores que están en la base de la agricultura orgánica (Alrøe et al., 2001; Lund y Rocklinsberg, 2001). Algunos ejemplos son:
El cerdo en el Sistema Dehesa: el Dehesa es un sistema extensivo agro-forestal y de cría a pasto que incluye a los cerdos criados al aire libre. Es un agro-sistema sostenible que existe desde los tiempos de los romanos en España (Trujillo y Mata, 2000). Para salvaguardar el ambiente, a los cerdos se les coloca un anillo en la nariz. Esto es solamente un ejemplo del conflicto entre los principios: por una parte, la integridad y el bienestar del animal que puede expresar un comportamiento natural y, por otra, la conservación de un agro-sistema sostenible y el mantenimiento de valores culturales relacionados con un sistema agrícola antiguo. La aplicación del anillo puede aparecer como la mejor solución debido a la particular situación ecológica e histórica, pues se podría afirmar que los valores ecológicos y culturales deben ser posicionados por encima de las prioridades respecto a los intereses del animal. Sin embargo, si el respeto por la integridad del animal tuviese mayor importancia se pondrían en orden diferente los principios antes mencionados. La conclusión entonces sería que este tipo de sistema tiene que ser modificado a favor de los animales o que los cerdos no deben ser criados en este contexto ambiental. La decisión sería, por tanto, tomada evaluando las consecuencias de cada alternativa o estableciendo prioridades.
Castración de toros de engorde: los principios de la agricultura orgánica requieren que los animales sean criados a pastoreo, pero es muy difícil que toros sexualmente maduros sean criados en proximidad de vacas en celo. Muchos productores orgánicos prefieren tener los toros en espacios reducidos en vez que dejarlos pastorear en áreas mayores. La castración podría permitir a los toros un comportamiento más natural, y en este sentido una mejor calidad de vida, y mejoraría también la seguridad de los operadores. Es un ejemplo de conflicto entre la posibilidad del animal de llevar una existencia más natural y la necesidad de garantizar la seguridad de los operadores en detrimento del animal mismo (Vaarst et al., 2006).
Pollos criados al aire libre: según los principios de la agricultura orgánica, el pollo debe tener acceso a zonas externas. Sin embargo, la posibilidad de expresar el comportamiento natural puede entrar en conflicto con los objetivos de salud y bienestar. Por ejemplo, los efectos de una explosión de canibalismo serán mucho más graves en los sistemas de cría al aire libre y las aves estarán más expuestos a parásitos y predadores. Este sistema productivo puede también entrar en conflicto con la tutela del ambiente, al contrario del sistema de cría de animales en galpones que afecta en menor medida la tierra y no causa la pérdida de sustancias nutricionales. Una solución aceptable desde el punto de vista ambiental podría ser la de vincular pequeñas unidades de producción.
Los puntos críticos del sistema de cría de animales con método orgánico
Existen factores característicos del sistema de cría de animales con método orgánico que pueden poner en discusión el bienestar animal. Los más importantes son los siguientes:
Posibilidad de movimiento: la cría de animales a pastoreo y la existencia de lugares abiertos dando la posibilidad de movimiento son garantía de un buen nivel de bienestar animal, siempre y cuando los pastos sean apropiados y las densidades adecuadas. Respecto a la superficie sobre la que el animal debería moverse, no se evidencian particulares riesgos siempre y cuando sean mantenidas las buenas prácticas de cría (confort, limpieza y otras) (Sainsbury, 1986).
Ambiente: la estructura característica de la cría de animales con método orgánico no prevé la estabulación en un ambiente cerrado y condicionado, modificando los factores críticos entre el convencional y el orgánico. Resulta muy importante en el caso del pastoreo y de los potreros externos la evaluación de parámetros como la temperatura, la presencia de espacios de sombra o refugios cerrados en áreas fuertemente soleadas o de climas extremamente rígidos. Dentro de estos espacios, más allá de los parámetros normalmente considerados (temperatura y humedad relativa, luminosidad, rumores y calidad del aire), asumen relevancia otros indicadores como la falta de ventilación y la posibilidad de repararse de vientos dominantes (Sundrum, 1997).
Alimentación: la disponibilidad de agua de bebida limpia y fresca es un punto crítico del sistema de cría de animales con método orgánico, debido al hecho de que no siempre es posible garantizar el abastecimiento de agua en situaciones de temperaturas extremas, tanto en el interior como en el exterior de los refugios para los animales. Además, cabe destacar que la necesidad de agua varía en relación al estado fisiológico y metabólico de los animales. La calidad de los alimentos también representa un factor crítico del sistema de cría de animales con método orgánico: las diferentes normas que reglamentan la alimentación orgánica animal muchas veces limitan la calidad de las raciones en términos de carencia de macro nutrientes (por ej. proteínas) y micro nutrientes (por ej. vitaminas). Cuando la alimentación está constituida principalmente por el pasto, hay que cuidar con atención al manejo del mismo para satisfacer completamente las necesidades alimenticias de los animales.
Manejo: en lo referido a la influencia del manejo sobre el bienestar animal, indicadores clásicos como la limpieza de los animales y de las zonas de crianza, las condiciones técnicas de las infraestructuras y las frecuencias de los controles, son factores importantes que hay que tener en cuenta. La elección del productor de practicar mutilaciones sobre sus animales debe tener en cuenta que para algunos sistemas de producción es necesario garantizar la salud del animal antes de su integridad física. Otros elementos críticos son, particularmente en el sistema de cría extensivo, la falta de un lugar donde los animales enfermos puedan encontrar un ambiente más tranquilo y la presencia de depredadores que causan pérdidas directas y generan situaciones de estrés para los animales.
Sanidad: acerca de la salud de los animales, es importante considerar parámetros como el estado de salud y la presencia de lesiones, con el fin de prevenir y tratar las patologías y cualquier otro estado que pueda afectar al bienestar animal. Para disminuir la prevalencia de enfermedades parasitarias es de fundamental importancia el manejo de los animales (densidad) y de las pasturas (Vaarst et al., 2006).
Interacciones sociales: no se registran riesgos específicos para esta categoría puesto que los requisitos mínimos previstos en el sistema de cría de animales con método orgánico (por ej. la prohibición de la cría individual, el uso de grupos familiares) garantizan una expresión correcta del comportamiento social y de todas las especies. Sin embargo, siguen siendo puntos críticos el mantenimiento de la estabilidad y la numerosidad de los grupos animales.
Relación hombre-animal: el efecto del manejo es de extrema importancia aun cuando las otras condiciones estén cubiertas. De hecho, la presencia del ser humano puede representar para el animal un factor de estrés ambiental que provoca reacciones de miedo como huida, o agresión cuando no puede escaparse, o puede que el comportamiento cambie si la presencia del ser humano está relacionada a situaciones positivas (Hansen, 1996; Hemsworth et al., 1990; Hemsworth et al., 1994; Hemsworth et al., 1996; Le Neindre et al., 1995).
La evaluación del bienestar en el campo
El estudio de los indicadores antes mencionados ha tenido como natural consecuencia el intento de desarrollar un método de evaluación práctico que se pueda aplicar directamente en el campo. Muchos países de Europa han elaborado sistemas para la evaluación del bienestar, basados en las diferentes combinaciones de indicadores relacionados a las respuestas comportamentales, el estado sanitario, las tipologías y las prácticas de cría (Johnsen et al., 2001).
Los objetivos para el desarrollo de sistemas de evaluación del bienestar pueden ser variados, como son: la certificación del sistema de producción, la comparación entre predios o la evaluación de situaciones de manejo diferentes, con el fin de proporcionar un servicio de consultoría para el productor. Los métodos más valiosos son los que prevén el registro de parámetros directos e indirectos y también la inspección directa de una muestra representativa de animales, al fin de monitorear la posible presencia de enfermedades, lesiones o trastornos comportamentales. Entre los métodos actualmente utilizados, están los desarrollados en Austria (ANI 35L) y Alemania (TGI 200) que se basan esencialmente en el registro de indicadores indirectos (Bartussek, 1999; Sundrum et al., 1994), mientras que en otros países europeos como Francia e Italia la evaluación registra principalmente parámetros directos (Capdeville y Veissier, 1999; Ferrante et al., 2000; Tosi et al., 2000).
¿Porque la certificación es importante?
Los sistemas de evaluación del bienestar representan un importante componente de la certificación del proceso de producción. La posibilidad de certificación en el sector primario tiene que ser una prioridad para toda la cadena productiva que a través de esta herramienta pueda testear las características de los predios y los métodos productivos. Lograr la certificación permite, por lo tanto, destacar algunas calidades propias del producto o del proceso productivo, de manera tal de adquirir un valor agregado que pueda recompensar todos los esfuerzos hechos para llevar la producción a un nivel superior. La conciencia de la opinión pública sobre la ética de la producción juega un rol fundamental en la producción animal, dirigiendo la atención del consumidor hacia la seguridad alimentaria, el cuidado del ambiente y el bienestar animal. En el Libro Blanco sobre Seguridad Alimentaria (CEE, 2000) la Comunidad Europea declara la importancia de garantizar el cuidado del consumidor desde el campo hasta la mesa, a través de un enfoque integrado que incluya también la salud y el bienestar animal. Este enfoque es apoyado por políticas que apuntan a desarrollar un sistema de cría moderno que tome en cuenta las vinculaciones entre salud y bienestar animal con calidad y salubridad de los productos (Blokhuis, 2004).
Palabras Clave: bienestar animal, producción agroecológica.
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Bianchi, G., Garibotto, G., Franco, J., Feed, O., Ballesteros, F., Fernández, M.E. y Bentancur, O. (2011). Ayuno e insensibilización eléctrica pre-sacrificio sobre el desempeño de corderos: aceptabilidad de la carne. Revista Argentina de Produccíón Animal, 31(2), 161–164.
Texto Completo: Resumen
Se estudió el efecto del ayuno (48 vs. 24 h previo al sacrificio: AP) y la insensibilización eléctrica (IE: 400 V, 1 A, 7 s vs. sin insensibilización: SIN) sobre la aceptabilidad de la carne (músculo Longissimus dorsi con 24 h de maduración) de 56 corderos cruza Poll Dorset, con un panel de consumidores. Se utilizaron 99 consumidores y una escala discontinua y estructurada con amplitud de 10 puntos; 1: carne muy dura, muy desabrida o muy desagradable y 10: carne muy tierna, muy sabrosa o muy agradable. El panel asignó puntajes superiores en todos los atributos de la carne proveniente de animales IE frente a los SIN: terneza (6,9 vs. 5,9, p≤0,0001; respectivamente), calidad de sabor (7,3 vs. 6,9, p≤0,05; respectivamente), y grado de aceptabilidad (7,4 vs. 6,8, p≤0,001; respectivamente). Sin embargo, estas diferencias disminuyeron conforme el período de ayuno aumentaba.
Palabras clave: ayuno, insensibilización eléctrica, cordero, consumidores.
Summary
The effect of fasting time (48 vs. 24 h before slaughter: FT) and electrical stunning (ES: voltage: max 400 V, amperage: 1 A, time: 7 s vs. without stunning: WS) on meat acceptability (Longissimus dorsi muscle) of 56 Poll Dorset crossbreed lambs with consumers test, was studied. Ninety nine consumers were utilized. Discontinuous and structure scale was utilized, with stop-over point ten, was 1: very thought, insipid and unpleasant meat and 10: very tender, palatable and acceptability meat. Consumers detected higher grade for all meat attributes of ES animals opposite WS animals: tenderness (6.9 vs. 5.9, p≤0.0001; respectively), flavor quality (7.3 vs. 6.9, p≤0.05; respectively) and acceptability (7.4 vs. 6.8, p≤0,001; respectively). However, differences between treatments showed diminution while the fasting time increased.
Key words: fasting time, electrical stunning, lamb, consumer test.
Introducción
El ayuno en establecimiento previo al embarque de corderos y/o su insensibilización previa al sacrificio, son prácticas relativamente poco frecuentes en el Uruguay (Bianchi y Garibotto, 2004). Sin embargo, el ayuno mejora las condiciones de transporte y disminuye los niveles de contaminación en la planta industrial (Bianchi et al., 2011), mientras que la insensibilización eléctrica puede evitar accidentes humanos en la manipulación de las canales. Por otro lado, ambas medidas afectan el bienestar animal positivamente. Tampoco se descarta que la insensibilización eléctrica previa al degüello origine efectos positivos en algunas características organolépticas de la carne. Sin embargo, no se encontraron antecedentes que prueben esta hipótesis trabajando con la técnica sensorial. Este tipo de análisis es preferible por ser más sensible, no requerir grandes equipamientos y, además, porque permitiría evaluar varios atributos, frente al análisis instrumental (Risvik, 1994). Las ventajas del análisis sensorial se exacerban si se está considerando un panel entrenado (catadores) vs. prueba de consumidores. Sin embargo, el uso de consumidores, a pesar de ser subjetivo, tiene la ventaja de ser bastante menos oneroso, siendo suficiente para que sus resultados sean representativos y estadísticamente válidos, trabajar con 50-80 consumidores (Martínez-Cerezo, 2005).
El objetivo del trabajo fue evaluar la aceptabilidad de consumidores de la carne de corderos frente a dos períodos de ayuno previo a su transporte a matadero (48 vs. 24 h previo al sacrificio) y a dos tratamientos de insensibilización eléctrica (400 V, 1 A y 7 s vs. sin insensibilización).
Materiales y Métodos
El trabajo se realizó utilizando la carne de los animales y los tratamientos descritos por Bianchi et al. (2009). Se utilizaron 99 consumidores (33 mujeres y 66 hombres), de 41 10,0 años de edad, que trabajaron en 11 sesiones de ½ h. Se utilizaron muestras del músculo Longissimus dorsi de forma prismática y tamaño uniforme (20 g), con 24 h de maduración, envasadas al vacío, congeladas a -18 ºC y descongeladas hasta los 14,1 ±4,5 ºC. Las mismas se cocinaron en Grill de doble plancha hasta alcanzar 70 ºC medido por termocuplas en el centro de cada muestra, siguiendo la técnica descripta por Guerrero (2000), y se sirvieron (codificadas con números aleatorios de 3 cifras), envueltas en papel de aluminio. Cada consumidor probó una muestra de los 4 tratamientos, presentándose en un plato y alterando su orden de presentación, resultando en un diseño en bloques completo y balanceado. Se utilizó una escala discontinua y estructurada con una amplitud de 10 puntos, siendo 1: carne muy dura, muy desabrida o muy desagradable y 10: carne muy tierna, muy sabrosa o muy agradable. Se usó un modelo lineal generalizado, asumiendo una distribución multinomial, incluyendo: orden de muestra, tratamientos e interacción entre ellos. Se usó el procedimiento GLIMMIX del paquete estadístico SAS, (versión 9.1.3).
Resultados y Discusión
En el Cuadro 1 se presenta el efecto de los tratamientos sobre diferentes atributos sensoriales evaluados por un panel de consumidores de la carne de corderos pesados, respectivamente. La interacción entre tratamientos resultó significativa para el atributo terneza y aceptabilidad (p≤0,10).
El panel asignó puntajes superiores para todos los atributos de la carne de animales IE frente a los SIN, en particular para la terneza y aceptabilidad, y sólo en la carne de corderos con períodos de ayuno de 24 h. Las mejoras obtenidas en terneza y aceptabilidad para este caso, son similares a las alcanzadas por Bianchi et al. (2006) trabajando con un panel de catadores con muestras del mismo músculo y tipo de cordero, pero sin insensibilizar previo al degüello y con maduraciones en canal de 4 días.
La valoración del panel en terneza coincide en dirección con los resultados instrumentales realizados a esta misma carne con la cizalla WB (Bianchi et al., 2009), pero no en magnitud; de acuerdo a lo señalado por Bianchi (2007) los consumidores resultaron más sensibles.
Conclusiones
La IE, además de ser una práctica humanitaria y minimizar los riesgos de accidentes humanos en la manipulación de las canales, mejora la calidad sensorial de la carne de cordero, en particular la terneza, requiriendo de ayunos razonables, no muy largos, y maduraciones mínimas. De esta forma, la mejora en la calidad sensorial de la carne resultaría equiparable a períodos de maduración superiores a los utilizados en trabajos en que no se recurra a la insensibilización previa, pero sí al costoso proceso industrial que significa la maduración en cámaras.
Palabras Clave: ayuno, insensibilización eléctrica, cordero, consumidores
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Rébak, G., Fernández, W., Nuñez, N. y Molina, K. (2011). Aplicación del sistema HACCP en un frigorífico de bovinos de Corrientes. Comunicación. Revista Argentina de Produccíón Animal, 31(2), 155–159.
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Aguirre, D. H., Neumann, R.D., Torioni de Echaide, S. y Mangold, A.J. (2011). Pérdidas económicas directas por un brote de anaplasmosis bovina en un rodeo de cría del noroeste argentino. Comunicación. Revista Argentina de Produccíón Animal, 31(2), 145–153.
Texto Completo: Resumen
Se calcularon las pérdidas económicas causadas por un brote de anaplasmosis en un rodeo de cría cercano a Santa Clara, Jujuy, Argentina. El brote ocurrió entre junio-julio de 2008 y afectó únicamente a las hembras servidas, con una morbilidad del 16,7% (n = 150) y una mortalidad del 6,0% (n = 54). Las pérdidas económicas referidas a julio de 2008 alcanzaron a u$s 24.000, en concepto de pérdidas físicas (88,2%) y costos por control (11,8%). El análisis de las medidas de prevención se efectuó asumiendo que el 95% de las pérdidas se evitaban luego de una única vacunación de las terneras de reposición (costo total de u$s 2.870). La relación beneficio-costo fue de 7,9 por cada dólar americano invertido.
Palabras clave: Anaplasmosis, bovinos para carne, pérdidas económicas, Jujuy.
Summary
The direct economic losses caused by an outbreak of anaplasmosis were evaluated in a cattle beef herd from Santa Clara, Jujuy province, northwest Argentina. The outbreak occurred during June-July 2008 and involved only mated females. Morbility and mortality index were of 16.7% and 6.0%, respectively (150 sick and 54 died cows). Economic losses amounted to u$s 24,000 (prices in July 2008), 88.2% were the result of physical losses and 11.8% to costs of control. The analysis of prevention measures was carried out assuming that 95% of the losses were avoided after a single vaccination of female calves of each cohort (total cost of the applied vaccines of u$s 2,870). The benefit-cost ratio was 7.9 for each US dollar invested.
Key words: Anaplasmosis, beef cattle, economic losses, Jujuy, Argentina.
Introducción
Las enfermedades hemoparasitarias (complejo ‘Tristeza’) de los bovinos, representadas por las babesiosis (Babesia bovis, Babesia bigemina) y la anaplasmosis (Anaplasma marginale) son uno de los problemas sanitarios más relevantes para la ganadería del norte argentino, donde resultan enzoóticas. Estas enfermedades tienen gran similitud en sus aspectos epidemiológicos y clínicos. Afectan en particular a los bovinos mayores de un año, produciendo principalmente fiebre, anemia y abatimiento que derivan en muerte, disminución de la producción de carne y leche y mermas en los índices reproductivos de los rodeos por abortos y retrasos en la concepción (Correa et al., 1978; Swift et al., 1978). La anaplasmosis genera además secuelas irreversibles en un 25 a 30% del ganado, que es descartado por no recuperar su estado previo a la infección (Alderink y Dietrich, 1982). En algunos de estos casos se constató dilatación (insuficiencia) cardíaca (A.J. Mangold, inédito). Estas enfermedades son transmitidas por vectores, como la garrapata Rhipicephalus (Boophilus) microplus, exclusivo en el caso de las babesiosis (Vanzini et al., 1999). A. marginale, en cambio, puede ser transmitido biológicamente por esta u otras garrapatas (Aguirre et al., 1994; Gaido et al., 1995) pero también en forma mecánica por dípteros hematófagos (géneros Tabanus, Stomoxys y varias especies de mosquitos), así como por fomites (Kocan et al., 2010). Unas 20 especies de garrapatas son incriminadas como vectores de A. marginale a nivel mundial (Kocan et al., 2010). Estudios recientes informan que la transmisión biológica por garrapatas es más eficiente que la mecánica por dípteros (Scoles et al., 2005, 2008). Sin embargo, algunas cepas de A. marginale no son transmitidas por garrapatas (Kocan et al., 2010).
El diagnóstico de estas enfermedades se basa mayormente en el examen microscópico de extendidos de sangre para la detección de los hemoparásitos. Técnicas inmunológicas para la detección de anticuerpos (i.e. ELISA) se emplean también como complemento del diagnóstico directo (Echaide et al., 1995; Torioni de Echaide et al., 1998). Las últimas son sin embargo más útiles para la predicción de riesgos de ocurrencia de brotes de hemoparasitosis, estableciendo la proporción de terneros de 7-9 meses de edad con anticuerpos específicos contra ambas Babesia y A. marginale. Cuando esta proporción oscila entre 10% y 75%, la cohorte se encuentra en inestabilidad enzoótica, por lo que se recomienda su inmunización con una vacuna viva combinada contra ambas enfermedades, elaborada en base a Anaplasma centrale (Abdala et al., 1990) y cepas atenuadas de B. bovis y B. bigemina (Guglielmone et al., 1992). La ocurrencia aun esporádica de brotes severos de enfermedades hemoparasitarias en los rodeos, es indicativa también de situaciones de inestabilidad enzoótica de las infecciones.
En Argentina existen estimaciones de cierta data sobre los perjuicios por babesiosis y anaplasmosis para la cuenca del Valle de Lerma, Salta (Späth, 1987) o para toda el área enzóotica del país (Späth et al., 1994). Pero casi no se hallan estudios que analicen pérdidas por brotes de hemoparasitosis en los bovinos de la zona, con excepción del trabajo sobre perjuicios por casos de babesiosis en un rodeo lechero de Salta (Guglielmone et al., 1992). Estos estudios se consideran relevantes para ajustar las estimaciones de pérdidas en función de casos reales y actualizar los beneficios económicos de las inversiones en la prevención de esas enfermedades. Este trabajo evalúa las pérdidas directas causadas por un brote de anaplasmosis en un rodeo de cría del noroeste argentino (NOA), con un análisis complementario beneficio-costo del empleo hipotético de medidas preventivas.
Materiales y Métodos
El 1 de julio de 2008 se visitó un establecimiento ganadero de cría bovina donde se registraban muertes de animales adultos con síntomas compatibles con una enfermedad hemoparasitaria. El establecimiento se situaba en cercanías de Santa Clara (24º 18’S, 64º 11’W), departamento Santa Bárbara, provincia de Jujuy, Argentina. El rodeo estaba integrado por un lote de 900 hembras con servicio estacionado estival (750 vacas y 150 vaquillonas de primer servicio), un lote de toros y otros dos lotes, uno de vaquillonas de reposición (vacías) y otro de terneras. En base a los índices reproductivos históricos, la tasa de preñez del rodeo se estimó en un 75%.
Al momento de la visita habían muerto 51 vacas, sumándose otras tres durante los 12 días posteriores. Las vacas con signos clínicos eran tratadas simultáneamente con medicación específica para las babesiosis (diaminazene: 3,5 mg/kg de peso) y la anaplasmosis (oxitetraciclina: 10 mg/kg de peso). Durante el transcurso del brote se medicó un total aproximado de 150 vacas con cada terapéutico.
El día de la visita se examinaron 10 vacas con síntomas actuales o previos (ya medicadas), obteniéndose sangre para la detección de anticuerpos contra cada uno de los agentes causales del Complejo ‘Tristeza’. En siete vacas se registraron además la temperatura rectal, se tomaron muestras de sangre con anticoagulante (ácido etilendiaminotetraacético: EDTA) para determinación del índice hematocrito por la técnica del microhematocrito y se confeccionaron extendidos finos y gruesos de sangre para su examen microscópico, previa coloración con Giemsa.
El establecimiento se visitó nuevamente 50 días después, cuando se tomaron 110 muestras de sangre para diagnóstico serológico de anaplasmosis y babesiosis, a fin de contar con información adicional sobre el estatus del rodeo frente a la infección con cada uno de los agentes etiológicos del Complejo ‘Tristeza’. A ese efecto se muestrearon hembras jóvenes de tres categorías nacidas en 2005 (vaquillonas preñadas), 2006 (vaquillonas vacías) y 2007 (terneras). Entre ellas, sólo las primeras habían integrado el lote con signos de hemoparasitosis. Las muestras de suero obtenidas en ambas fechas (julio y agosto) se procesaron por las técnicas de ELISA de competición (ELISA-c) para Anaplasma spp. (Torioni de Echaide et al., 1998) y ELISA indirecto (ELISA-i) para Babesia spp. (Echaide et al., 1995). Los resultados se expresaron en porcentaje de inhibición para ELISA-c y de positividad para ELISA-i en relación a sueros positivos de referencia. Los promedios de los títulos de anticuerpos para cada hemoparásito de los bovinos positivos de cada categoría se compararon mediante el análisis de la varianza (ANOVA).
Los efectos físicos del brote se calcularon sumando el valor de los bovinos muertos y de sus fetos, las pérdidas de peso (medidas por costos extra de manutención de los bovinos), los abortos y las secuelas irreversibles resultantes de la enfermedad. En términos de gastos por control se consideró el costo de los medicamentos aplicados, la asistencia veterinaria, los jornales extra del personal de campo para la atención del brote y los aranceles de los análisis de laboratorio. Los cálculos se realizaron en pesos según los valores y costos de mercado al 1º de julio de 2008, pero se expresaron en dólares americanos, moneda que en esa fecha cotizaba a tres pesos.
Para el análisis beneficio-costo se supuso una vacunación exclusiva contra A. marginale en cohortes sucesivas de terneras a tasas del 25% de reposición anual, contabilizando a valores del 2008 los costos del inmunógeno y su aplicación, los que también se expresaron en dólares americanos. Dicha estimación abarcó la década 1998-2007, considerando el rango de edad de las hembras que integraban el rodeo. Se asumió que con la vacunación se evitaba el 95% de las pérdidas físicas (Guglielmone et al., 1992; Vanzini et al., 1999).
Resultados
El brote se extendió por 25 días, durante los cuales murieron 54 vacas en la secuencia que ilustra la Figura 1. No resultaron afectados animales de otros lotes. La tasa de ataque media fue de seis bovinos por día (150/25). El Cuadro 1 detalla las hembras muertas según su edad, registrándose una mayor mortandad en las vacas jóvenes (4 y 5 años), las que en conjunto aportaron casi dos tercios (62,9%) del total. La mortalidad general del lote fue de 6,0% (54/900) y, considerando sólo las vacas, de 7,2% (54/750). En función de la cantidad de bovinos medicados, la morbilidad del brote se estimó en 16,7% (150/900).
Todas las vacas examinadas tuvieron temperaturas entre 39,6ºC y 40ºC. En una de ellas se constató un aborto al momento del muestreo. Todos los extendidos de sangre mostraron A. marginale en niveles variables de parasitemia (5 a 10%) y en algunos también se observaron alteraciones del cuadro hemático (anisocitosis, reticulocitosis). Los extendidos no mostraron presencia de Babesia spp. El índice hematocrito medio de las vacas afectadas fue de 17,7 (rango 12-26). Todas presentaron altos títulos de anticuerpos contra Anaplasma, con un valor promedio de 90% ± 4,71 en ELISA-c, compatibles con infecciones o re-infecciones recientes por este agente (Cuadro 2). Por el contrario, ninguna vaca mostró anticuerpos contra B. bovis y sólo la mitad los exhibió contra B. bigemina, con un valor promedio de 43% ± 15,74 en ELISA-i, compatibles con infecciones crónicas y/o reinfecciones (Cuadro 2). Estos resultados confirmaron que el brote se debió exclusivamente a A. marginale.
El Cuadro 2 resume los resultados de las determinaciones serológicas en todas las categorías de hembras. Los niveles de anticuerpos promedio contra A. marginale de vacas y terneras fueron similares y se diferenciaron significativamente de los dos grupos de vaquillonas (p<0,001). Una elevada proporción de terneros mostró altos niveles de anticuerpos contra B. bigemina, que se diferenciaron significativamente de las vacas y vaquillonas (p<0,0001), mientras que para B. bovis los seroreactores no superaron el 7%, sin encontrarse diferencias estadísticas entre las distintas categorías.
En el Cuadro 3 se presentan las pérdidas por el brote de anaplasmosis discriminadas por rubros, las que alcanzaron a u$s 24.000, en concepto de pérdidas físicas (88,2%) y costos por control (11,8%).
En el Cuadro 4 se estiman los costos hipotéticos de la vacunación de las 10 cohortes de hembras involucradas en el brote de anaplasmosis. Asumiendo una reducción de pérdidas del 95%, la relación beneficio-costo resultante del cociente entre esa reducción (u$s 22.800) y los costos de prevención (u$s 2.870) fue de 7,9 por cada dólar americano invertido en la vacunación de las terneras de reposición.
Discusión
A nivel mundial los brotes de anaplasmosis son frecuentes en épocas cálido-húmedas, coincidiendo con la mayor abundancia de vectores (Kocan et al., 2010). Esta estacionalidad de los brotes se observa también en la Argentina. En los Valles Templados de Salta, se estableció que el 89% de los brotes de anaplasmosis ocurría entre enero y julio (Späth, 1986), mientras que en bovinos de cría de Santa Fe (área libre de R. microplus) se informó que el 75% de los brotes se producía entre enero y mayo (Guglielmone et al., 1997). Por el contrario, en bovinos lecheros de Santa Fe los brotes de anaplasmosis ocurrieron sin estacionalidad definida, quizás por la mayor frecuencia en este ganado de prácticas (i.e. vacunación, descorne, caravaneado, etc.) que favorecen la transmisión iatrogénica del A. marginale (Guglielmone et al., 1997). El caso actual se produjo sobre el final de la época habitual de brotes atribuibles a vectores en el NOA. No obstante, dada la elevada tasa de ataque registrada, se especula que este brote pudo tener origen iatrogénico.
Acorde con estimaciones previas, que incluían también a las babesiosis (Späth, 1987; Guglielmone et al. (1992), la mayor proporción de pérdidas del brote actual se adjudicó a la mortandad de bovinos (67,5%). La mayor mortandad en las vacas de 2º servicio (37% del total) podría explicarse por una mayor susceptibilidad a la infección por A. marginale, derivada del estrés productivo inherente a esta categoría de vientres. Las otras categorías con alta mortandad fueron las vacas de 5 y 7 años (25,9% en cada grupo). No se descarta que estas tres categorías de edad predominaran en el rodeo, pero su composición etárea relativa no se consiguió para confirmarlo.
La disímil mortalidad entre categorías se explicaría también por diferencias en los niveles de inmunidad natural adquirida en edad temprana por los distintos grupos etáreos de vacas ante situaciones epidemiológicas variables en años sucesivos, generando grupos susceptibles a la infección en la edad adulta. El 100% de las vacas mostró elevados niveles de anticuerpos contra Anaplasma con un promedio (90% ±4,71) significativamente mayor que el de las vaquillonas, indicando que la mayoría de las infecciones en las vacas ocurrieron en forma contemporánea. En contraste, los niveles medios de anticuerpos para las vaquillonas preñadas (60% ± 20,68) y vaquillonas vacías (71% ± 218,80) reflejan infecciones y re-infecciones adquiridas a través del tiempo. Estos resultados sumados a la nula mortandad en las vaquillonas preñadas sugieren que éstas habrían estado naturalmente inmunizadas, con lo cual la re-infección por A. marginale cursó sin consecuencias, salvo algún efecto ‘booster’ en los títulos de anticuerpos. Así mismo, no se excluye que la falta de mortandad en esta última categoría responda también a su menor susceptibilidad a los efectos clínicos de A. marginale en relación con los bovinos adultos (Späth, 1986). Por su parte, el patrón serológico en las terneras fue muy similar al de las vacas y constituye un indicador de la reciente circulación de A. marginale en el rodeo, el cual afectó clínicamente a las últimas con la consiguiente mortandad.
Por otro lado, los resultados serológicos para babesiosis en las terneras evidenciaron una situación epidemiológica disímil para ambas Babesia, con estabilidad enzoótica en el caso de B. bigemina (98% de seroreactores) e inestabilidad de bajo riesgo para B. bovis (6% de seroreactores). Esta situación se mantuvo en las vaquillonas (preñadas y vacías), pero no así en las vacas, cuya proporción de seroreactoras fue inferior para ambas Babesia, en particular para B. bigemina. Aun así, el nivel promedio de los anticuerpos contra B. bigemina en las vacas (43% ±15,74) no mostró diferencias significativas con los de las vaquillonas preñadas (62% ± 26,28) y vacías (54% ± 14,61), con una amplia dispersión de títulos que reflejan la ocurrencia de infecciones y re-infecciones a través del tiempo. Estos resultados, sumado a la ausencia de B. bigemina en los extendidos de sangre, permitieron confirmar que este protozoario no estuvo involucrado en el presente brote.
Las pérdidas podrían haberse mitigado de mediar otra estrategia para abordar el brote. Así, por ejemplo, un diagnóstico etiológico temprano y la terapia inmediata de todo el rodeo con un anaplasmicida (oxitetraciclina o imidocarbo) hubiera redundado en una drástica reducción de las pérdidas físicas en todos sus rubros, aun con incremento (marginal) de los costos por control. Es que al mayor gasto incurrido en la medicación con anaplasmicidas cabría descontar los babesicidas usados innecesariamente durante este brote, como también una parte de los jornales extra para el tratamiento de los bovinos enfermos. El tratamiento masivo del rodeo se juzga muy apropiado en casos como el actual. En brotes con menor tasa de ataque quizás debieran considerarse otras estrategias.
La relación beneficio-costo de la vacunación (7,9:1) casi duplicó la calculada (4:1) para casos de babesiosis en un rodeo de Salta (Guglielmone et al., 1992). Ello se explica en parte por la mayor mortandad actual (6%) respecto de la anterior (2,2%), pero sobre todo por el menor valor relativo de los bovinos afectados en aquel caso (edad hasta dos años). En efecto, Vanzini et al. (1999) determinaron que el principal parámetro para adoptar medidas de prevención contra enfermedades hemoparasitarias en rodeos de cría es el precio del ganado en pie. En tal sentido, la fuerte recuperación del valor de la hacienda durante 2010 supone una relación beneficio-costo todavía más favorable para la vacunación que la calculada al momento de ocurrencia del presente brote. Resulta obvia entonces la conveniencia de la vacunación para prevenir brotes severos en rodeos con inestabilidad enzoótica para A. marginale. En este caso la recomendación podría extenderse a B. bovis, vista la falta de inmunidad contra ese agente. El empleo simultáneo de estos inmunógenos contribuye a su vez a diluir los costos de aplicación. De este análisis se desprende claramente que el énfasis para el control de la anaplasmosis (y la babesiosis) debería centrarse en la prevención y no en el tratamiento de la enfermedad ya declarada. La falta de adopción de tecnología disponible hace ya varias décadas conduce a cuestionar sus razones, sin soslayar interrogantes sobre la eficacia de los sistemas públicos y privados involucrados en su transferencia.
Palabras Clave: Anaplasmosis, bovinos para carne, pérdidas económicas, Jujuy.
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Buono, G., Massara Paletto, V. y Celdrán, D. (2011). Evolución de la disponibilidad forrajera de una estepa patagónica bajo diferente intensidad de uso ovino. Revista Argentina de Produccíón Animal, 31(2), 135–143.
Texto Completo: Resumen
El sobrepastoreo es la principal causa de la degradación de los pastizales patagónicos y el ajuste de la carga animal ovina podría detener ese proceso. El objetivo de este trabajo fue describir la evolución de la disponibilidad de forraje del pastizal bajo diferentes intensidades de uso con pastoreo ovino. Sobre una estepa patagónica típica del SO de Chubut se evaluó el pastizal, en verano, otoño y primavera, mediante el Método del Valor Pastoral, bajo tres intensidades de uso: a) Baja, considerando un factor de uso (FU)=40% de la productividad forrajera anual, b) Media, FU=50% y c) Alta, FU=70%. Los valores de cobertura vegetal total (CVT) y forrajera (CF), el porcentaje de suelo desnudo (SD) y mantillo, Valor Pastoral (VP) y toques forrajeros se analizaron mediante ANOVA (y LSD de Fisher para comparar medias). Época del año e intensidad de uso fueron las variables de clasificación. Se realizaron análisis de regresión lineal del VP, CVT y CF de cada potrero en función del tiempo. No hubo interacción significativa entre las variables evaluadas. El potrero con alta intensidad de uso presentó menor CVT y mayor SD que los otros potreros, mientras que VP sólo fue menor con respecto al de baja intensidad de uso. En función a la dinámica temporal sólo se observaron diferencias en los factores vinculados a la oferta forrajera, con menores valores en otoño. Se registró una tendencia negativa de la CVT, del VP y marginalmente de CF en función del tiempo en el potrero de Alta intensidad de uso. El uso más intenso afectó la estructura y disponibilidad forrajera del pastizal. El ajuste de cargas garantiza un uso sustentable del pastizal natural en el distrito occidental de Patagonia.
Palabras clave: forraje disponible en Patagonia, desertificación de estepas, Valor Pastoral en Patagonia.
Summary
Overgrazing is the main degradation cause on Patagonian rangelands; controls of stocking rates may stop and even reverse this process. The objective of this study was to describe forage availability dynamics under different sheep grazing use intensities. A rangeland of a steppe located in SW Chubut was evaluated on summer, autumn and spring, by the Pastoral Value method under three use intensities: a) Low, considering a use factor (UF)=40% of annual forage production, b) Intermediate, UF=50% and c) High, UF=70%. The Total Vegetation Cover values (TVC) and Forage cover (FC), bare soil (BS), litter, Pastoral Value (PV) and foraging touches were analyzed by ANOVA (Fisher's LSD for media comparisons). Time of the year and use intensities were classification variables. Additionally, linear regression analysis were made for PV, TVC and FC, as time function. There were no significant interactions between variables. The highest use intensity paddock showed lower TVC and a higher proportion of bare soil than the others, while PV was lower in the low use intensity paddock. In terms of time dynamics, variables related to forage supply showed lower values in autumn; negative trends of TVC, PV and marginally for FC, occurred as a function of time in the paddock with the highest use intensity. The intense use affected the rangeland structure and forage availability. The control of stocking rates ensures a sustainable use of natural grasslands in the western district of Patagonia.
Key words: forage supply in Patagonia, steppe desertification, Pastoral Value in Patagonia.
Introducción
Los ambientes áridos y semiáridos ocupan la mayor parte de Argentina. Estos ecosistemas proveen servicios ecológicos esenciales para el sostenimiento de la vida humana y para el desarrollo de actividades productivas (Paruelo y Aguiar, 2003). La Patagonia extraandina es una amplia región con precipitaciones menores a 300 mm y donde los pastizales naturales son el principal recurso forrajero para la producción ovina extensiva. El manejo habitual de los campos es a través del pastoreo continuo con cargas fijas en cuadros de grandes superficies. Por más de un siglo, el método de “prueba y error” fue el utilizado por los productores para determinar la carga animal de los cuadros. La sobreestimación de la receptividad del pastizal provocó grandes impactos en la estructura y composición de la vegetación y acarreó procesos de mayor magnitud y la degradación de los campos. Una prueba de ello es la reducción en el tiempo de las existencias ovinas en la región (Golluscio et al., 1998a).
El sobrepastoreo ovino es la principal causa de la degradación de los pastizales patagónicos (León y Aguiar, 1985; Soriano y Movia, 1986) afectando la estructura y la disponibilidad forrajera del pastizal, o ambos a la vez (Aguiar et al., 1996; Bertiller y Bisigato, 1998). Las condiciones climáticas propias de la región, sumadas a la sobrecarga que han sufrido por años los pastizales naturales, hacen que gran parte de la Patagonia esté afectada por procesos de desertificación (Somlo et al., 1997). A partir de estos conocimientos surgió la hipótesis de que el ajuste de la carga animal podría detener y en algunos casos revertir, la degradación por sobrepastoreo de los pastizales.
No existe un método universal único para estimar la productividad (Sala y Austin, 2000) ni la receptividad de los pastizales (Scarnecchia, 1990). Tampoco hay consenso generalizado sobre la fracción de la productividad forrajera que puede ser consumida anualmente sin afectar la persistencia del recurso (Golluscio et al., 2009). En Patagonia, la heterogeneidad espacio temporal de la productividad (Paruelo et al., 2004) complica la aplicación de los tradicionales métodos de estimación, por lo que se desarrollaron diferentes metodologías adaptadas a los distintos ambientes, de estimación de la receptividad ganadera de los pastizales (Golluscio et al., 1998a, 2009).
En 1992, el INTA Chubut desarrolló el método del Valor Pastoral para estimar la receptividad de las estepas de zonas áridas y semiáridas de la provincia del Chubut (Mansilla y Bertolami, 1992; Elissalde et al., 2002) y la utilizó para relevar más de dos millones de hectáreas. Su utilización se recomienda para la evaluación inicial de la receptividad de un establecimiento ganadero y para el monitoreo periódico y ajuste de las cargas. La información que brinda corresponde a atributos estructurales y forrajeros de la vegetación. Éste, junto con el Método de Productividad Primaria Neta Aérea, son los dos métodos más tradicionales empleados para estimar la capacidad de carga de los pastizales del noroeste de Patagonia (Golluscio et al., 2009). El VP mostró ser el más conservador, ya que arrojó menores valores que el primero, y las diferencias entre métodos fueron mayores en los ambientes más productivos (Golluscio et al., 2009).
El objetivo de este trabajo fue describir la evolución de la disponibilidad de forraje del pastizal usado con diferentes niveles de intensidad, mediante el método del Valor Pastoral, y sumar herramientas para el desarrollo de un manejo sustentable.
Materiales y Métodos
La experiencia se desarrolló en el Campo Experimental Río Mayo (CERM, 45,4º S, 70,3º O) dependiente de la EEA Chubut de INTA, ubicado en el sudoeste de la provincia de Chubut. La vegetación, típica del Distrito Occidental de la provincia fitogeográfica patagónica (Soriano, 1956), se caracteriza por una estepa arbustiva-graminosa de Stipa speciosa (coirón duro), S. humilis (coirón llama), Adesmia campestris (mamuel choique), Berberis heterophylla (calafate) y Poa lanuginosa (pasto hilo) (Golluscio et al., 1982). El 53% de la productividad del pastizal del distrito corresponde a la de los pastos (Sala et al. 1989, Fernández et al., 1991, Jobbágy y Sala, 2000). Las especies de pastos dominantes son Poa ligularis, Stipa speciosa y S. humilis, mientras que entre los arbustos dominantes se encuentran Mulinum spinosum, Adesmia campestris y Senecio filaginoides (Golluscio et al., 1982). La precipitación media anual es de 152 mm, con una clara tendencia estacional en la que los mayores eventos de lluvias ocurren en los meses de otoño e invierno. La temperatura media anual del lugar es de 8,1ºC (Jobbágy y Sala, 2000).
Se generaron tres niveles de intensidades de uso de un mismo pastizal para describir los cambios estacionales y anuales en la vegetación. El diseño consistió en un cuadro dividido en tres potreros de 100, 139 y 154 ha cada uno, que constituían tres unidades homogéneas del pastizal. A partir del año 2004 los potreros se utilizaron con capones en pastoreo continuo, con tres niveles de intensidad de uso: a) Baja, considerando un factor de uso (FU)=40% de la productividad forrajera anual, b) Media, FU=50% y c) Alta, FU=70%. Intensidades de uso similares de estos potreros se habían realizado durante más de 10 años desde 1979 (Siffredi et al., 1992), posteriormente tuvieron un uso esporádico hasta el 2004 cuando se retomó dicho uso de manera permanente.
La carga animal por potrero se estimó en enero de cada año mediante el método del Valor Pastoral (Elissalde et al., 2002, Golluscio et al., 2009). Para cada potrero se estimó la productividad forrajera por ha, se la multiplicó por la superficie del potrero y se aplicó el FU correspondiente a cada intensidad de uso. Luego se dividió por el requerimiento de un UGO (Unidad Ganadera Ovina, equivalente al consumo anual de un capón Merino de 40 kg que consume 330 kg de materia seca anual) para obtener el número de animales correspondientes a cada potrero.
El Valor Pastoral es un estimador de la disponibilidad forrajera del pastizal (Nakamatsu et al. 1998) y el método estima la receptividad como el cociente entre el forraje utilizable y el consumo anual por animal. El forraje utilizable se calcula como el producto del FU por la productividad forrajera del pastizal, que es la suma del forraje consumido por los animales desde el inicio de la estación de crecimiento y el forraje disponible al momento de la evaluación. Este forraje disponible resulta de multiplicar el Valor Pastoral por un coeficiente específico del área ecológica (Nakamatsu et al., 1998). El Valor Pastoral se calcula a partir de censos de vegetación donde se registra la cobertura del suelo y la vegetación (forrajera o no) y los toques de especies forrajeras. La fórmula incluye índices de calidad específicos para cada especie forrajera (escala 1 a 5) y un coeficiente (0,2) para mantener los Valores Pastorales entre 0 y 100 (Elissalde et al., 2002, Golluscio et al., 2009).
A partir de la primavera de 2006, durante 4 años, se relevó el pastizal, mediante el método citado en tres épocas del año: verano, otoño y primavera. En cada relevamiento se evaluaron dos transectas, de 100 puntos cada una, por potrero y se determinó el Valor Pastoral, el número de toques forrajeros, la cobertura vegetal total y forrajera, el porcentaje suelo desnudo y de mantillo. Los datos se analizaron mediante un análisis de varianza utilizando época del año e intensidad de uso como variables de clasificación. Se utilizó el test de LSD de Fisher como test de comparación de medias. Se calculó la raíz cuadrada del arcoseno de los valores de cobertura, previo a su análisis, para corregir la heterogeneidad de varianzas. Además se realizó un análisis de regresión lineal del Valor Pastoral, la cobertura total y forrajera de cada potrero en función del tiempo, tomando como día 0 la fecha del primer relevamiento.
Todos los análisis se realizaron con el software estadístico InfoStat (InfoStat, 2008). El diseño usado constituye un caso de pseudoreplicación (Hurlbert, 1984) dada la imposibilidad de contar con mayor numero de potreros y animales; sin embargo la homogeneidad de los potreros y la escala espacial y temporal del trabajo, otorgan valor descriptivo a los resultados.
Resultados
Los potreros usados con las distintas intensidades de uso del pastizal mostraron diferencias en componentes estructurales (suelo desnudo y cobertura vegetal total) y forrajeros (Valor Pastoral) del pastizal. La época del año tuvo un efecto significativo en todas las variables vinculadas a la oferta forrajera (cobertura forrajera, toques forrajeros y Valor Pastoral). En la dinámica temporal, las intensidades de uso mostraron los mismos efectos sobre las variables bajo estudio (interacción Época x FU p>0,52).
El potrero con mayor intensidad de uso presentó menor porcentaje de cobertura vegetal total y mayor porcentaje de suelo desnudo que los potreros sometidos a menores intensidades de uso (p<0,01, Cuadro 1). El Valor Pastoral tendió a ser diferente entre las intensidades de uso extremas, con menor valor en el potrero de mayor intensidad de uso (p<0,1, Cuadro 1).
Las tres épocas del año mostraron similares valores de cobertura vegetal, de suelo desnudo y mantillo. En otoño los valores de cobertura forrajera (p<0,01), toques forrajeros (p<0,01) y valor pastoral (p<0,05) fueron menores que en las restantes épocas del año (Cuadro 2).
La cobertura vegetal total respondió de forma lineal decreciente en el tiempo en el potrero con mayor intensidad de uso (r2=0,79, p<0,01, Figura 1). De la misma forma lo hizo el Valor Pastoral (r2=0,39, p<0,03, Figura 2) y marginalmente la cobertura forrajera (CF=0,39 – 0,01 X día; r2=0,28; n=12; ds=0.1; p<0,08). Con las intensidades intermedia y baja de uso, el modelo lineal no mostró tendencia significativa para ninguna de las variables analizadas.
Discusión y Conclusiones
La disminución de la cobertura vegetal y el incremento de la proporción de suelo desnudo son dos síntomas frecuentes de la degradación de pastizales (Paruelo et al., 1993; Bertiller y Bisigato, 1998). La alta presión de pastoreo soportada por los pastizales patagónicos desde la introducción del ganado doméstico produjo la posterior caída general del número de animales (Golluscio et al., 1998a) por la situación de degradación provocada en los pastizales (Soriano y Movia, 1986). Dada su evolución con baja presión de herbivoría, previa a la introducción del ganado doméstico (MiIchunas et al., 1988), podría suponerse que los pastizales alcanzaron un nuevo equilibrio a partir de las cargas aplicadas (Cingolani et al., 2008). Sin embargo, la tendencia negativa de la cobertura vegetal en función del tiempo en el potrero con mayor intensidad de uso (Figura 1) indicaría que esta intensidad es superior a las soportadas por este tipo de pastizal y señalaría que el proceso de degradación continúa en aquellos ambientes sujetos a altas presiones de pastoreo. Posiblemente la ocurrencia de años secos (Figura 3) potencie su efecto negativo.
Contrariamente a lo observado para el Valor Pastoral, el que evidenció un menor valor en el potrero de mayor intensidad de uso, la cobertura de especies forrajeras no se vio afectada por esta variable. Ello posiblemente se deba al reemplazo de especies (Perelman et al., 1997; Bertiller y Bisigato, 1998; Cipriotti y Aguiar, 2005) dentro del mismo grupo funcional, de las especies más preferidas por otras de menor preferencia por los herbívoros domésticos. El Valor Pastoral es un índice que contempla las características cuantitativas (disponibilidad temporal) y cualitativas (calidad nutricional y preferencia) de cada especie forrajera del pastizal (Golluscio et al., 2009; Elissalde et al., 2002). La tendencia decreciente del Valor Pastoral que mostró el potrero de uso intenso (Figura 2) y las diferencias significativas de esta variable entre las intensidades de uso extremas aplicadas, estarían reflejando este cambio en la composición florística del pastizal y/o la disminución del vigor de las principales forrajeras (Siffredi et al., 1992; Cipriotti y Aguiar, 2005). A su vez, la variabilidad estacional observada en los componentes forrajeros del pastizal podría estar encubriendo la disminución de la cobertura forrajera en el potrero con uso más intenso. La ocurrencia de años húmedos y secos (Figura 3) durante el período bajo evaluación contribuiría a incrementar la variabilidad intra e interanual de los parámetros forrajeros de la vegetación.
La dinámica estacional de la cobertura forrajera, toques forrajeros y Valor Pastoral coinciden con la dinámica de la productividad de los pastos en particular, obtenida por cortes estacionales (Jobbágy y Sala, 2000) y del pastizal en general, registrada mediante sensores remotos (Paruelo et al., 1998; 2004) para este tipo de ambientes. Los períodos de primavera y verano presentan una mayor actividad de la vegetación, que contribuiría a una mayor disponibilidad de forraje, mientras que los períodos de menor disponibilidad serían en otoño e invierno.
La tendencia decreciente en el tiempo del Valor Pastoral registrada en el potrero de alta intensidad de uso, señalaría una pérdida cuali-cuantitativa de la disponibilidad forrajera del pastizal (Figura 2). A pesar de las condiciones de bajas precipitaciones observadas en los años previos (Figura 3) que podrían influir en la pérdida mencionada, en los potreros con menores intensidades de uso no se registraron estas tendencias lo que evidencia una influencia dominante de la carga animal del potrero. La tendencia decreciente, aunque marginal, de la Cobertura Forrajera, favorecería el descenso del Valor Pastoral. La disminución de la producción vegetal, y en consecuencia la producción animal, son síntomas de erosión del paisaje producto de cargas inadecuadas (Golluscio et al., 1998b). Sostener dicho nivel de cargas podría generar transiciones a estados irreversibles, más aún en sistemas con corta historia de pastoreo como los patagónicos (Milchunas et al., 1988; Cingolani et al., 2008). La metodología del Valor Pastoral establece para el área ecológica de Sierras y Mesetas Occidentales, un Factor de Uso del 30 al 50% de la producción forrajera anual, que es variable en función de las condiciones climáticas y el vigor de las principales especies forrajeras (Elissalde et al., 2002). Los resultados aquí presentados confirmarían que la utilización continua de una intensidad de uso mayor a la recomendada, como se registraría en campos con exceso de hacienda, afectarán negativamente al pastizal de dicha área ecológica.
El uso intenso y continuo, en el plazo evaluado, afectó la estructura del pastizal y la disponibilidad de forraje. El ajuste de cargas, estimando una utilización menor o igual al 50% de la productividad forrajera anual, garantizaría un uso sustentable del pastizal natural en el distrito occidental de Patagonia.
Agradecimientos
Al personal del CERM por el apoyo logístico en todo este tiempo. El trabajo fue financiado parcialmente por los Proyectos Regionales “Manejo Sustentable de los Pastizales Naturales de la Patagonia Sur (PATSU-910090)”, “Apoyo a la Gestión Ambiental de los RRNN de Patagonia Sur (PATSU-910152)” y “Mejora de la sustentabilidad y la competitividad de los sistemas ganaderos de ovinos y caprinos en la Patagonia Sur (PATSU-910011)” del Centro Regional Patagonia Sur de INTA.
Palabras Clave: forraje disponible en Patagonia, desertificación de estepas, Valor Pastoral en Patagonia.
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